Con Platón, comenzamos en la primera observación a través de la Teoría Política, haciendo parada obligada en Grecia: ¿Y si para gobernar hiciera falta un título, no de nobleza, sino de sabiduría? ¿Y si la justicia no fuera un conjunto de leyes, sino el equilibrio de una sociedad donde cada uno cumple su función? Hace más de 2000 años, un pensador ateniense, discípulo de Sócrates y maestro de Aristóteles, se planteó estas preguntas y esculpió un nombre que perdura en la eternidad de la cultura y la historia de la filosofía política. Su nombre era Platón, y su obra es el punto de partida de toda la teoría política occidental. Marcado por la inestabilidad y la decadencia de la democracia de su tiempo, dedicó su vida a una búsqueda obsesiva: diseñar la República ideal, un Estado perfectamente justo y estable.