El estudio de las relaciones internacionales no puede desligarse de los marcos teóricos que dotan de sentido al paradigma global. Estos marcos, conocidos como paradigmas, actúan como mapas mentales que seleccionan qué actores son relevantes, qué problemas son prioritarios y cuál es la lógica que rige la interacción entre los diversos componentes del sistema internacional. La importancia de estas teorías radica en su capacidad para ofrecer explicaciones coherentes sobre por qué los Estados entran en conflicto, cómo surgen las redes de interdependencia económica y de qué manera se perpetúan las estructuras de dominación a escala planetaria.
A lo largo del siglo XX, la disciplina ha evolucionado a través de debates teóricos que han refinado nuestra comprensión de lo internacional. Esta disciplina, con numerosos autores tratando de explicar las dinámicas entre los actores internacionales, ha intentado seguir el ritmo de una realidad cambiante y compleja, al mismo tiempo. Sin embargo, los pilares fundamentales establecidos por las tradiciones hobbesiana, kantiana y marxista siguen siendo los referentes ineludibles para cualquier analista que pretenda profundizar en las dinámicas de las relaciones internacionales (Barbé, 1995).
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Contexto del nacimiento de las Relaciones Internacionales
La institucionalización de las relaciones internacionales como una rama independiente del conocimiento se sitúa tradicionalmente tras la Primera Guerra Mundial. El horror de la Gran Guerra generó la necesidad urgente de encontrar mecanismos científicos que impidieran la repetición de un conflicto de tal magnitud. En este contexto inicial, predominó una visión conocida como idealismo, fuertemente influenciada por el pensamiento liberal y los catorce puntos de Woodrow Wilson, que confiaba en el derecho internacional y las organizaciones colectivas, como la Sociedad de Naciones (el precedente a la actual Naciones Unidas), para garantizar la paz.
Este primer impulso idealista, eclipsado poco después, por el estallido de la Segunda Guerra Mundial, dio paso a una primera hegemonía del realismo político. La incapacidad de las instituciones internacionales para frenar el ascenso de los fascismos y el expansionismo territorial demostró, a ojos de muchos académicos, que la política mundial no se regía por el derecho o la moral, sino por el interés nacional y la fuerza (los estados entienden de incentivos o desincentivos).
Fue entonces cuando la disciplina adquirió su carácter actual, estructurándose en torno a debates teóricos sobre la esencia de la política del poder en las relaciones internacionales (Barbé, 1995). Desde ese momento, el campo de estudio se ha expandido para incluir no solo la seguridad militar, sino también la economía política, los derechos humanos y la gestión de bienes públicos globales.
El realismo o la tradición hobbesiana
El paradigma realista, a menudo identificado con la tradición hobbesiana, ha sido durante décadas el enfoque dominante en la disciplina. Esta corriente parte de una visión pesimista de la naturaleza humana y del sistema internacional, al que considera un sistema anárquico. En este contexto, la anarquía no significa desorden absoluto, sino la ausencia de una autoridad superior a los Estados capaz de imponer la ley y el orden. Como resultado, cada Estado se ve obligado a velar por su propia seguridad en un entorno de desconfianza mutua.
- El Estado como actor central: Para el realismo, los Estados soberanos son los únicos actores que realmente cuentan en la política mundial. Se consideran unidades racionales y unitarias que buscan maximizar su poder en defensa de su interés nacional.
- El dilema de seguridad: Ocurre cuando un Estado, al aumentar su capacidad militar para defenderse, genera inseguridad en sus vecinos, quienes responden armándose también, lo que resulta en una escalada de tensión indeseada pero inevitable.
- El equilibrio anárquico de poder: El sistema se mantiene estable no por el derecho, sino por la distribución de fuerzas. La paz es, en esencia, un estado de tregua derivado de la incapacidad de un actor para dominar a los demás sin enfrentar una coalición opositora.
Autores como Hans Morgenthau establecieron que «la política internacional, como toda política, es una lucha por el poder» (Barbé, 1995, p. 54). Desde esta perspectiva, la moralidad individual no tiene cabida en la toma de decisiones estatales; el gobernante debe actuar según la ética de la responsabilidad, priorizando siempre la supervivencia del Estado por encima de cualquier otra consideración idealista. El realismo ofrece así una imagen de las relaciones internacionales como un juego de suma cero, donde la ganancia de uno es necesariamente la pérdida de otro. El ejemplo de la Guerra Fría entre las potencias americana y soviética es un ejemplo clásico, aunque la actual visión de la presidencia Trump, podría indicar una vuelta a este enfoque.
El transnacionalismo o la tradición kantiana
Frente a la visión pesimista y anárquica del enfoque realista, el paradigma transnacionalista, enraizado en la tradición kantiana y el liberalismo, ofrece una visión mucho más optimista y diversa. Esta corriente sostiene que el sistema internacional no es simplemente un campo de batalla entre Estados, sino una densa red de interacciones en la que participan múltiples actores y donde la cooperación es posible y beneficiosa. El enfoque kantiano enfatiza la existencia de una comunidad humana que trasciende las fronteras nacionales.
- Pluralidad de actores: A diferencia del realismo, el transnacionalismo reconoce que las empresas multinacionales, las organizaciones internacionales (como la ONU o la Unión Europea) y las organizaciones no gubernamentales tienen un impacto significativo en la política global.
- Interdependencia compleja: Este concepto, desarrollado por Robert Keohane y Joseph Nye, sugiere que los Estados están tan vinculados económicamente que el uso de la fuerza militar se vuelve costoso e ineficiente. La agenda de las relaciones internacionales ya no solo incluye la seguridad, sino también temas económicos, sociales y medioambientales.
- El papel de las instituciones: Los transnacionalistas argumentan que las instituciones internacionales facilitan la cooperación al reducir los costes de transacción y proporcionar información, permitiendo a los actores superar la desconfianza propia de la anarquía.
En la tradición kantiana, se cree en la posibilidad de un progreso histórico hacia una paz perpetua basada en la democracia, el comercio y el derecho internacional. Las relaciones internacionales desde este prisma se consideran un juego con suma positiva, donde la colaboración genera beneficios para todos los implicados. La estabilidad no depende únicamente del equilibrio de fuerzas, sino de la solidez de las instituciones y la profundidad de los vínculos económicos y culturales (Barbé, 1995). Este paradigma ha sido el hegemónico desde la disolución de la Unión Soviética hasta la actualidad.
El estructuralismo o la tradición marxista
El tercer gran paradigma es el estructuralismo, que a menudo se asocia con el globalismo y bebe directamente de la tradición marxista. Este enfoque desplaza el foco desde el poder militar o la cooperación económica hacia las desigualdades profundas del sistema económico mundial. Para los estructuralistas, la realidad de las relaciones internacionales está definida por un sistema capitalista global que divide al mundo en un centro rico y una periferia empobrecida y dependiente.
- El sistema-mundo como unidad de análisis: Los estructuralistas no estudian a los Estados de forma aislada, sino como partes de un sistema global jerarquizado. Immanuel Wallerstein argumenta que la economía-mundo capitalista es la estructura que determina el comportamiento de todos los actores.
- Centro y periferia: La riqueza de los países del centro se sostiene gracias a la explotación de los recursos y la mano de obra de la periferia (entiéndase centro como las potencias occidentales y la periferia como el llamado tercer mundo o el Sur Global). Este intercambio desigual es la base de la estabilidad del sistema, pero también la causa de su injusticia inherente.
- El papel de la clase social: A diferencia de los otros paradigmas, el estructuralismo enfatiza que las élites del centro y las élites de la periferia a menudo comparten intereses comunes para mantener el sistema de explotación, perjudicando a las clases trabajadoras de todo el mundo.
La tradición marxista en las relaciones internacionales sostiene que el conflicto no nace de la naturaleza humana o de la anarquía, sino de la propia estructura del capitalismo global. La paz real solo será posible mediante una transformación radical de las estructuras económicas que generan la dependencia y la pobreza. Desde esta óptica, los Estados y las organizaciones internacionales son a menudo vistos como instrumentos de las clases dominantes para perpetuar el statu quo (Barbé, 1995).
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Cuadro explicativo de los paradigmas de las Relaciones Internacionales
Para facilitar la comprensión pedagógica de estas teorías, el siguiente cuadro sintetiza los elementos diferenciadores de cada paradigma basándose en los criterios de unidad de análisis, problemática de estudio y visión del sistema mundial.
| Paradigma | Unidad de análisis | Problemática | Tipo de sistema |
| Realismo | Estado | Seguridad, guerra, conflicto, poder | Sistema Anárquico |
| Transnacionalismo | Pluralidad de actores (Estados, empresas multinacionales, instituciones, individuos…) | Economía, interdependencia | Red de interdependencia compleja |
| Estructuralismo | El sistema-mundo y clases sociales | Desigualdad, clivajes (centro-perifería) | Sistema capitalista de clases centro-periferia que mantienen la desigualdad inherente |
Fuente: Elaboración propia a través de Barbé (1995)
El estudio de las principales teorías de las relaciones internacionales nos revela que el conocimiento sobre el mundo es siempre parcial y depende del paradigma que adoptemos. A su vez, estos paradigmas pueden estar superpuestos y evidenciar realidades que, muchas veces, cohabitan juntas.
La disciplina ha pasado de una preocupación inicial por evitar la guerra a través del derecho internacional a un análisis complejo de las estructuras económicas y las redes de interdependencia que definen nuestra era. Sin embargo, la tensión entre la búsqueda del poder nacional y la aspiración a una comunidad humana global sigue siendo el motor del debate académico.
En última instancia, la utilidad de estas teorías no reside en su capacidad para predecir el futuro con exactitud, sino en su potencia para dotarnos de un pensamiento crítico y un pensamiento estructurado que nos permita comprender, de una manera más precisa, el comportamiento de los actores involucrados.
FAQ: Preguntas frecuentes
¿Cuál es la teoría más importante en Relaciones Internacionales?
No existe una única teoría. El realismo es fundamental para el análisis de seguridad, el transnacionalismo para la economía y la integración, y el estructuralismo para entender la desigualdad global. La importancia depende del problema que se quiera investigar.
¿Qué significa que el sistema internacional sea anárquico?
En términos teóricos, la anarquía no significa caos, sino la ausencia de un gobierno mundial centralizado por encima de los Estados soberanos. Es la condición de partida que obliga a los Estados a buscar su propia seguridad
¿Cómo influye el marxismo en el estructuralismo?
El marxismo aporta el análisis de la economía como base de la política y la idea de que la historia está impulsada por el conflicto entre clases. El estructuralismo aplica estas ideas a escala mundial, viendo a los países como parte de una estructura de explotación capitalista.
¿Qué es la interdependencia compleja?
Es un concepto que indica que los países están tan unidos por el comercio y la tecnología que el uso de la fuerza militar entre ellos es cada vez más difícil y contraproducente, ya que dañaría sus propios intereses económicos.
¿Sigue siendo relevante el realismo tras la Guerra Fría?
Sí, porque los Estados siguen compitiendo por recursos, influencia y seguridad. Aunque la cooperación ha aumentado, las tensiones territoriales y militares en diversas regiones del mundo demuestran que la lógica del poder sigue vigente en las relaciones internacionales contemporáneas. Un ejemplo muy claro es el reciente cambio de enfoque de los EE.UU hacia paradigmas que giran en torno a una visión de este tipo.
Referencias
- Barbé, E. (1995). Relaciones Internacionales. Tecnos.
Politólogo y divulgador científico. Creador de Política (con)ciencia







