Podcast 1. El orden internacional, ¿bipolaridad o multipolaridad?

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En este primer podcast se exponen las principales teorías de las relaciones internacionales y se aplican para responder dos visiones del futuro orden geopolítico: ¿vamos hacia un entorno bipolar o multipolar? Acabando, hablamos un poco de cómo nos afecta en España específicamente y qué conclusiones se pueden derivar. Acercándose a los paradigmas académicos de las ciencias sociales podemos identificar y hacer frente de mejor manera a las incertidumbres que nos marca este futuro nuevo.

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El orden internacional contemporáneo atraviesa una fase de redefinición sistémica donde los conceptos de bipolaridad y multipolaridad se presentan como los dos grandes esquemas para interpretar el futuro de la seguridad global. El pasado 3 de enero de 2026, la captura de Nicolás Maduro en Caracas por parte de fuerzas norteamericanas no solo significó un terremoto político de primer orden, sino que actuó como el certificado de defunción definitivo (o casi) para el orden liberal basado en reglas que había imperado desde el fin de la Guerra Fría.

Este suceso obliga a preguntarse si el mundo se encamina hacia una estructura dual dominada por Washington y Pekín o si asistimos al nacimiento de un sistema fragmentado donde las potencias medias ya no aceptan la tutela de las superpotencias tradicionales .

Este episodio de Política con Ciencia disecciona la ruptura del equilibrio global planteando interrogantes clave sobre nuestra supervivencia colectiva. ¿Qué supuso realmente la incursión en Caracas para la diplomacia mundial? Significó el paso de un orden basado en tratados a uno basado en la fuerza pura, donde la soberanía es relativa según quién ejerza el poder. ¿Es inevitable una nueva Guerra Fría?

El análisis sugiere que, aunque existe una clara competencia por la hegemonía, la interdependencia económica actual hace que los bloques no sean tan estancos como en el siglo XX. ¿Qué papel juegan países como la India o Brasil? Actúan como polos de autonomía que desafían la lógica binaria, buscando una gestión regional de sus propios intereses sin alineamientos automáticos.

Los marcos teóricos para entender el cambio

Para analizar si el sistema tiende a la bipolaridad o a la multipolaridad, es necesario recurrir a la teoría internacional clásica. El realismo político sostiene que el sistema mundial es una anarquía donde cada Estado debe priorizar su propia seguridad. Desde esta óptica, los eventos actuales son una manifestación natural de la competencia por la hegemonía, donde los Estados, como actores racionales, maximizan su poder para asegurar su supervivencia. Bajo este prisma, la tensión entre Estados Unidos y China es una consecuencia sistémica: el ascenso de una nueva potencia siempre desafía la seguridad de la potencia establecida.

Frente a esta visión, el transnacionalismo sugiere que el mundo es una densa red de interdependencia económica y organizaciones internacionales. Esta corriente argumenta que la cooperación es posible incluso bajo anarquía, siempre que existan instituciones que reduzcan la incertidumbre. No obstante, la crisis actual sugiere que los lazos de interdependencia están siendo utilizados como armas de presión política. Un ejemplo claro es la guerra de los semiconductores, donde el control de la cadena de suministro tecnológica se utiliza para limitar el crecimiento del rival, transformando la cooperación económica en una herramienta de conflicto.

El enfoque de la bipolaridad: ¿Hacia una nueva Guerra Fría?

La tesis de la bipolaridad defiende que el sistema internacional se está reordenando en torno a dos ejes gravitatorios principales: Estados Unidos y China. A diferencia de la Guerra Fría original, la competencia hoy no es solo ideológica o militar, sino profundamente tecnológica. En un sistema bipolar, la estabilidad depende de la disuasión mutua, donde las dos superpotencias compiten ferozmente por la influencia en terceros países y por el dominio de la inteligencia artificial, entre otros recursos estratégicos.

El argumento a favor de la bipolaridad se sostiene en la enorme asimetría de poder. Solo Washington y Pekín poseen el músculo necesario para dictar las reglas globales en áreas como el sector automovilístico, las tarjetas gráficas, la inteligencia artificial, etc. Un ejemplo de esta dinámica es la presión ejercida sobre los países europeos para excluir la tecnología china de sus infraestructuras críticas; en un mundo bipolar, las potencias intermedias a menudo se ven forzadas a elegir bando en un juego de suma cero (Estados Unidos gana al desplazar a Huawei mientras que China pierde capacidad de proyección global, por poner un ejemplo).

El gran riesgo de este modelo es la trampa de Tucídides, donde el miedo al desplazamiento de la potencia dominante conduce inevitablemente a un choque directo.

El enfoque de la multipolaridad: El ascenso de las potencias intermedias

En contraste, el paradigma de la multipolaridad sostiene que el mundo se está fragmentando en diversos centros de poder regional. Esta teoría sugiere que la influencia de los dos grandes, aunque bastante importante, no es absoluta. Actores como la India, que se posiciona como un puente entre el Norte y el Sur Global, o Arabia Saudí, que diversifica sus alianzas de seguridad, demuestran una creciente voluntad de actuar con autonomía.

La multipolaridad se caracteriza por una flexibilidad de alianzas muy dispar. Un país puede cooperar con China en la construcción de puertos mientras mantiene ejercicios militares con Estados Unidos. Este modelo ofrece mayor pluralismo, pero también conlleva el riesgo de una anarquía descontrolada. En un sistema con múltiples polos, los conflictos regionales pueden multiplicarse si no existe una autoridad clara que medie en las disputas. El incidente en Caracas en 2026 es visto desde este prisma como un síntoma de un mundo donde el orden antiguo ha muerto y el nuevo todavía carece de reglas de juego aceptadas por todos los actores.

Conclusiones

El dilema entre la bipolaridad y la multipolaridad define el horizonte político de nuestra era. La captura en Caracas ha funcionado como el catalizador que ha obligado a los actores internacionales a quitarse las máscaras de la diplomacia multilateral, para legitimar intervenciones si perciben que su seguridad está en riesgo, y para revelar las lógicas de poder subyacentes. Mientras las superpotencias intentan reafirmar su control, el resto del mundo se resiste a ser simplemente el tablero de una nueva competencia hegemónica.

Para el análisis politológico, comprender estas estructuras es vital, pues determinan la seguridad y la libertad de la población mundial. La bipolaridad ofrece una estabilidad tensa basada en la disuasión, mientras que la multipolaridad promete mayor autonomía a costa de una mayor fragmentación e incertidumbre. Lo que los sucesos de 2026 dejan claro es que el orden liberal basado en reglas ha llegado a su fin, dando paso a una era de realpolitik donde la fuerza y el interés nacional vuelven a ser los únicos lenguajes universales.