Durkheim: el padre de la Sociología

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Durkheim es considerado, con justicia, el principal arquitecto de la sociología como disciplina científica independiente, habiendo logrado dotarla de un objeto de estudio propio y un método riguroso que la diferenciaba de la filosofía (o la psicología) de su tiempo. Su empeño no fue únicamente académico, sino profundamente social; vivió en una Francia sacudida por la inestabilidad de la Tercera República y la rápida industrialización, lo que le llevó a buscar en la ciencia social las respuestas a la crisis de cohesión que percibía en la modernidad.

Al establecer que la sociología debía centrarse en el estudio de los hechos sociales, permitió que los fenómenos colectivos fueran analizados con la misma rigurosidad con la que las ciencias naturales trataban la materia.



Contexto histórico

El surgimiento de la obra durkheimiana no puede entenderse al margen de las grandes convulsiones que transformaron Europa durante el siglo XIX. El continente se encontraba en pleno proceso de transición desde un orden agrario y tradicional hacia una sociedad urbana, industrial y secularizada. Este cambio, impulsado por la Revolución Industrial y las secuelas políticas de la Revolución Francesa, trajo consigo una sensación de desorden y fragmentación social. Las viejas certezas religiosas y las estructuras de parentesco que habían mantenido unida a la población durante siglos estaban desapareciendo, dando paso a un individualismo creciente y a menudo alienante.

En este escenario, Durkheim se propuso reconstruir la moralidad social sobre bases racionales y científicas. En el contexto de la consolidación de la Tercera República Francesa, un periodo marcado por tensiones entre el laicismo y el catolicismo, así como por el surgimiento del movimiento obrero. El autor estaba convencido de que la sociología podía ofrecer las herramientas necesarias para diagnosticar las patologías de la modernidad y proponer formas de integración que no dependieran de la fe religiosa, sino de la interdependencia funcional de los ciudadanos. Esta preocupación por el orden y la estabilidad es lo que define su enfoque como funcionalista, analizando cada parte de la sociedad según la contribución que realiza al mantenimiento del todo social (Giddens, 2014).

Obras clave de Durkheim

La trayectoria intelectual de este pensador se articula a través de varios textos que sentaron las bases de la investigación sociológica moderna.

  • La división del trabajo social (1893): En su tesis doctoral, analiza cómo ha cambiado el fundamento de la solidaridad social con el paso del tiempo. Sostiene que mientras las sociedades antiguas se mantenían unidas por la semejanza, las modernas lo hacen por la diferencia y la especialización laboral.
  • Las reglas del método sociológico (1895): Este es su manifiesto metodológico. En él define qué es un hecho social y establece el principio de que la sociología debe estudiar lo social a través de lo social, evitando reduccionismos psicológicos o biológicos.
  • El suicidio (1897): En un alarde de rigor empírico para su época, utiliza estadísticas para demostrar que un acto aparentemente tan privado como quitarse la vida está en realidad condicionado por fuerzas sociales, como la integración y la regulación del grupo.
  • Las formas elementales de la vida religiosa (1912): En su obra de madurez, investiga el origen de la religión a través del estudio de las tribus australianas, concluyendo que, al adorar a la divinidad, la sociedad se adora en realidad a sí misma y reafirma su conciencia colectiva.

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Teorías Clave de Durkheim

El pensamiento durkheimiano se sostiene sobre una arquitectura teórica compleja que busca explicar la estabilidad y el cambio social. Para lograr este objetivo, el autor desarrolla conceptos que hoy son herramientas básicas de cualquier análisis sociológico, centrándose especialmente en la naturaleza de las normas y la estructura de la división del trabajo.

Los hechos sociales como cosas

La aportación más disruptiva de la sociología durkheimiana es la conceptualización de los hechos sociales. Para el autor, los hechos sociales consisten en «formas de actuar, pensar o sentir externas al individuo y que poseen un poder de coerción en virtud del cual se le imponen» (Giddens, 2014, p. 31). Esto significa que la lengua que hablamos, el sistema monetario que utilizamos o las normas morales de nuestra comunidad existen antes de que nazcamos y seguirán existiendo después de que muramos.

El tratamiento de los hechos sociales como cosas es la base de su objetividad científica. Al ser externos, no pueden explicarse por la psicología del individuo, sino por otros hechos sociales previos. Por ejemplo, si una persona decide casarse siguiendo ciertos ritos, no lo hace únicamente por un impulso romántico interno, sino porque se encuentra inmersa en una estructura institucional que le precede y le presiona para actuar de determinada manera. La coerción no siempre es violenta; a menudo se manifiesta como una presión social sutil que solo percibimos cuando intentamos transgredir la norma.

Solidaridad mecánica y orgánica

Un tema recurrente en su obra es la transición de la solidaridad mecánica a la orgánica. La solidaridad mecánica es propia de las sociedades tradicionales, donde la división del trabajo es mínima y los individuos son prácticamente intercambiables en sus funciones. La cohesión nace aquí de la semejanza: todos comparten las mismas creencias y valores, lo que genera una conciencia colectiva poderosa que envuelve casi por completo la identidad individual. En estas sociedades, el derecho suele ser represivo, castigando severamente cualquier desviación para reafirmar la moral común.

Por el contrario, la solidaridad orgánica es característica de las sociedades industriales avanzadas. Con el aumento de la división del trabajo, los individuos se especializan en tareas muy específicas, lo que paradójicamente les hace más dependientes los unos de los otros. Como los órganos de un cuerpo humano, cada parte tiene una función distinta pero vital para la supervivencia del conjunto (Giddens, 2014). En este modelo, el derecho se vuelve restitutivo, buscando reparar el daño y asegurar que el sistema siga funcionando, y la conciencia colectiva se debilita para permitir el desarrollo del individualismo y la autonomía personal.

La anomia y la crisis de regulación

El paso de una solidaridad a otra no siempre es fluido. Durkheim advirtió que la modernidad traía consigo el riesgo de la anomia, un concepto que define como una situación en la que las normas sociales pierden su fuerza reguladora sobre el comportamiento individual. En periodos de cambio social acelerado, los viejos valores desaparecen antes de que los nuevos se hayan consolidado, dejando a los individuos en un estado de desorientación y falta de propósito (Giddens, 2014).

La anomia es, para el autor, la patología principal de las sociedades industriales. Cuando los deseos del individuo no encuentran un límite claro en la sociedad, este cae en una insatisfacción crónica que puede derivar en desórdenes sociales o en un aumento de las tasas de suicidio. Para Durkheim, la sociedad tiene la función necesaria de moderar las ambiciones humanas y proporcionar un marco de sentido que evite el vacío moral.

La teoría del suicidio

El estudio sobre el suicidio es quizás el ejemplo más brillante de la aplicación del método funcionalista. Durkheim no se interesa por los motivos psicológicos de un individuo concreto, sino por las variaciones en las tasas de suicidio entre diferentes grupos sociales. Descubre que el suicidio es más frecuente en hombres que en mujeres, en solteros que en casados, y en protestantes que en católicos. A partir de estos datos, identifica cuatro tipos de suicidio basados en el grado de integración y regulación social (Giddens, 2014):

  • Suicidio egoísta: Ocurre cuando hay una baja integración social y el individuo se siente aislado y desvinculado de los objetivos colectivos.
  • Suicidio anómico: Se produce por una falta de regulación social en momentos de crisis económica o cambios bruscos, donde las normas ya no sirven de guía.
  • Suicidio altruista: Se da cuando la integración es tan fuerte que el individuo sacrifica su vida por el bien del grupo (como en ciertos ritos o contextos militares).
  • Suicidio fatalista: Es el resultado de una regulación excesiva que asfixia al individuo, como podía ocurrir en sociedades esclavistas.

Legado y relevancia en la sociología contemporánea

El legado de Durkheim es vasto y constituye el núcleo de la corriente funcionalista que dominó la sociología durante gran parte del siglo XX, especialmente a través de figuras como Talcott Parsons y Robert Merton. Su visión de la sociedad como un sistema de partes interrelacionadas que tienden al equilibrio ha sido fundamental para entender la estabilidad de las instituciones. Aunque ha sido criticado por su supuesto conservadurismo y por no dar suficiente peso al conflicto social (a diferencia de Marx), su enfoque sigue siendo vital para analizar la cohesión en la era global.

En la actualidad, sus conceptos sobre la anomia y la solidaridad orgánica son esenciales para comprender fenómenos como la fragmentación de las identidades digitales o la pérdida de vínculos comunitarios en las grandes urbes. La sociología contemporánea sigue recurriendo a Durkheim para preguntarse qué es lo que nos mantiene unidos en un mundo cada vez más diverso y especializado. Su insistencia en que los problemas individuales a menudo tienen raíces sociales profundas sigue siendo el punto de partida para cualquier análisis crítico de la realidad cotidiana.

Émile Durkheim no solo fundó una ciencia, sino que nos proporcionó un mapa para entender las tensiones de la vida moderna. Al enseñarnos a mirar los hechos sociales como realidades externas y coercitivas, nos liberó de la ilusión de que somos individuos totalmente autónomos, mostrándonos los hilos de la estructura social que guían nuestra conducta. En definitiva, la obra de Durkheim nos recuerda que la libertad individual solo es posible dentro de un marco social sólido que proporcione orden, sentido y pertenencia.


FAQ: Preguntas frecuentes

¿Qué es exactamente el funcionalismo en la sociología de Durkheim?

Es una perspectiva que analiza la sociedad como un sistema donde cada institución o práctica social cumple una función necesaria para la estabilidad y supervivencia del conjunto, similar a cómo los órganos mantienen vivo un cuerpo.

¿Por qué Durkheim decía que debemos tratar los hechos sociales como cosas?

Porque quería que la sociología fuera una ciencia objetiva. Al tratarlos como cosas, el investigador se distancia de sus prejuicios y los analiza basándose en pruebas externas y observables, no en suposiciones internas.

¿Cuál es la diferencia entre solidaridad mecánica y orgánica?

La mecánica se basa en la semejanza y es propia de sociedades pequeñas y tradicionales. La orgánica se basa en la interdependencia provocada por la especialización laboral en sociedades industriales modernas.

¿Qué significa el término anomia?

Se refiere a un estado de desorientación social que ocurre cuando las normas y valores de una sociedad se debilitan o desaparecen, dejando a los individuos sin una guía clara de comportamiento.

¿Por qué es importante el estudio de Durkheim sobre el suicidio?

Porque demostró que incluso el acto más personal está influido por factores sociales como la religión, la familia y la situación económica, validando así la importancia de la sociología frente a la psicología.


Referencias

  • Giddens, A. (2014). Sociología. (6ª ed.). Alianza Editorial.